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¿Cómo saber, qué hacer y cuándo actuar si mi hijo tiene inicio tardío del lenguaje?
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¿Cómo saber, qué hacer y cuándo actuar si mi hijo tiene inicio tardío del lenguaje?

(PARTE I)

 

A menudo confundimos un retraso del lenguaje o un trastorno de las áreas de desarrollo psicolingüístico con  el inicio tardío del lenguaje.  Si bien el inicio tardío puede ocasionar un retraso leve o moderado del lenguaje y siempre forma parte del historial de los retrasos graves, también puede ocurrir de forma aislada (es mucho más habitual de lo que pensamos y en ocasiones no se le da la importancia que tiene). El lenguaje es el hilo conductor de todo el desarrollo madurativo del niño, por supuesto es fundamental en el área cognitiva de la persona, cualquier “retraso” en el inicio del lenguaje expresivo o propositivo va a ocasionar un desajuste en otras áreas de desarrollo.

 

¿Qué pasa en el desarrollo de un niño para que el lenguaje no haya aparecido aún?

 

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Todavía hay muchos profesionales tanto en el ámbito logopédico como en otros campos de trabajo que determinan una edad para comenzar cualquier intervención con el niño. Olvidemos la edad cronológica del niño y centrémonos en qué puede estar pasando en su desarrollo  para que el lenguaje no haya aparecido aún,  cómo se enfrenta ese niño al mundo sin lenguaje y de qué manera eso está repercutiendo en su vida diaria y en el avance de todos sus aprendizajes.

 

“Un niño que no ha asistido a la escuela infantil (1º ciclo) desarrolla un lenguaje en función de las necesidades y demandas creadas con sus padres”

 

 

Un niño que no ha asistido a Escuela Infantil en su primera etapa o que no ha compartido actividades grupales con iguales desarrollará el lenguaje en función de las necesidades y demandas que haya creado en casa con “mamá” y “papá” . Si además no tiene hermanos mayores,  el uso de su lenguaje propositivo se habrá reducido a satisfacer sus necesidades sin tener que “competir” por la atención de sus mayores. En este caso el inicio tardío del lenguaje suele estar ligado a la necesidad que haya tenido de desarrollarlo, en ocasiones encontramos niños cuyo lenguaje propositivo se basa en gestos a través de los cuales ha constituido su vocabulario básico de “supervivencia”. Los padres no suelen mostrar preocupación hasta que no se avecina la fecha de inicio de la escolarización infantil de segundo ciclo ( 3 años).

Ahí surge la alarma , al pensar que el niño se enfrentará a un entorno grupal con iguales sin tener un lenguaje oral desarrollado, hecho que hasta ahora no se había producido,

 

Los padres que acuden a consulta logopédica con un niño de este perfil sólo quieren descartar que exista algún otro problema asociado que haya frenado el desarrollo del lenguaje oral hasta el momento, lo típico es encontrar niños sanos con buena capacidad de respuesta motora, atención selectiva orientada a sus intereses ( como cualquier niño de esta edad) y patrones de apego muy marcado hacia sus padres ( puesto que todavía no ha experimentado la separación que supone la escolarización en cualquiera de sus formas).

 

¿Qué debemos observar, qué es lo que debe preocuparnos y qué se considera una conducta típica de

un niño?

 

 

Desde el punto de vista logopédico es fundamental que aparezca el lenguaje propositivo en cualquiera de sus modalidades, inicios de lenguaje oral aunque sea ininteligible, comprensión adecuada del lenguaje oral con apoyo visual reducido y conductas adaptativas básicas en entornos familiares y no familiares. Desde ahí podemos empezar a evaluar la situación del niño con inicio tardío del lenguaje, realizando una observación directa en el ámbito familiar y social ( entornos naturales y conocidos por el niño,  de nada sirve una evaluación exclusiva en consulta) y valorar si es necesaria la intervención.

Siempre es bueno orientar a la familia en qué debemos observar, qué es lo que debe preocuparnos y qué se considera una conducta típica. El establecimiento de pautas en casa tanto de actuación como prevención y observación tranquiliza a los padres y en ocasiones,  puede ser suficiente para conseguir que el niño desarrolle la “necesidad” de hablar y relacionarse con el mundo que le rodea a través de la palabra.

Por supuesto no debemos olvidar la necesidad de revisión pediátrica, valoración auditiva y ORL básica y si se detecta cualquier parámetro de alteración cognitiva derivar a Neurología pediátrica.  

(Continuará)

 

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