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¿Por qué "el niño que no habla" juega con desventaja cuando comienza su escolarización?
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Niño que no habla

“El niño que no habla” juega con desventaja cuando comienza su escolarización

 

( Parte I I ) Si quieres leer la parte I, sobre inicio tardío del lenguaje,  haz clic aquí 

 

Al iniciar la escolarización infantil a los tres años,  es fundamental que el niño cuente con un nivel del lenguaje propositivo funcional para enfrentarse al día a día y a todos los ámbitos que conviven en el colegio: desarrollo de los aprendizajes, seguimiento de rutinas, establecimiento de lazos sociales y afectivos con maestros e iguales, en definitiva… la adaptación a un medio hasta ahora desconocido que en algunos niños puede suponer el despertar de todo su desarrollo cognitivo y en otros puede convertirse en una pesadilla a la que enfrentarse diariamente si sus competencias comunicativas no son las adecuadas.  

 

“El niño que no habla” y comienza la escolarización siempre jugará en desventaja.

 

 

La primera etapa del desarrollo infantil ( 0-3 años) se basa en una  comunicación entre iguales natural e intuitiva, con apoyo gestual y referencias motoras constantes. Ahora nos enfrentamos a una interacción comunicativa marcada completamente por la competencia lingüística del niño.

 

El lenguaje se convierte en el vehículo conductor de todos los aprendizajes posteriores.

 

Si el niño ha sido evaluado previamente y posee dictamen de escolarización gozará de apoyos para adaptar los objetivos educativos y la metodología a su problemática y sintomatología pero si no es así  se enfrentará a un ritmo de clase normal sin adaptaciones con la desventaja que supone no poder expresar correctamente sus emociones, inquietudes, quejas, demandas y sensaciones.  La mayor parte de los trastornos o retrasos del lenguaje son detectados en esta etapa, cuando el niño no es capaz de seguir el ritmo de la clase y empieza a resultar “extraño” que todos sus compañeros “hablen perfectamente” y él no lo haga. Aquí empieza el periplo de los padres para que el niño sea evaluado, tratado , diagnosticado porque los equipos educativos detectan que algo no va bien…lo que hasta ahora era ”normal” resulta que no lo es tanto y ese comentario de “no pasa nada, el niño ya hablará” se convierte de repente en “ este niño tiene un problema” con la presión que supone para unos padres asumir que existe un trastorno donde se suponía que no había nada.

 

 

“La mayor parte de los trastornos o retrasos del lenguaje son detectados con el inicio de la escolarización infantil”

 

 

“El niño que no habla” tiende a desarrollar en clase conductas atípicas que responden a una desadaptación al medio y al entorno, una desconexión que necesariamente ocurre cuando no se puede expresar con normalidad: mal comportamiento, falta de atención, problemas perceptivos, aislamiento social, rechazo al entorno grupal, impulsividad….. conductas que responden a la ansiedad por expresar sus demandas.

 

 

No debemos confundir nunca este tipo de conductas con los problemas de interacción social que se desarrollan en niños con trastornos generalizados del desarrollo o con los trastornos conductuales asociados al déficit de atención.

 

 

Son fácilmente distinguibles cuando el niño que no puede expresarse encuentra la manera de hacerlo, la forma de llegar al interlocutor de manera efectiva y que sean atendidas sus demandas, en ese momento y de forma paulatina el niño abandona esas conductas de ansiedad. De ahí la necesidad imperiosa de no dejar pasar el tiempo para “ver si se adapta” eso solo conseguirá acentuar más sus conductas de desadaptación.

 

Debemos evaluar lo más rápidamente posible, intervenir sobre sus problemas comunicativos y dotar al niño de los profesionales y terapias  necesarias para superar este problema, si no avanza en su comunicación oral estudiar el sistema de comunicación alternativa que mejor se adapte a sus necesidades y ponerlo en marcha, establecer una adaptación curricular y apoyos escolares que le permitan trabajar los mismos objetivos curriculares que sus compañeros adaptando la metodología….en definitiva proporcionar al niño un entorno seguro, cómodo, donde se sienta adaptado y motivado, donde se responda de forma efectiva a sus demandas sea cual sea la manera de expresarlas.

 

No hay que dejar pasar tiempo para ver si nuestro hijo “se adapta” en clase

 

 

Post escrito por NATALIA RIVERA GARCIA-MUÑOZ. LOGOPEDA. ESPECIALISTA EN ATENCION TEMPRANA. TECNICO SENA.

 

Si necesitas ayuda o asesoramiento SENA© contacta con nosotros haciendo clic aquí 

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